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Museo de la Radio PONFERRADA

Una construcción que mira y deja mirar.

 

Las retransmisiones radiofónicas no existirían sin los oyentes. Un museo no sería museo sin la ciudad que lo acoge ni la gente que nos visita. Planteamos, como estrategia para resolver esa condición dual que se establece entre edificio-ciudad y museo-visitantes, una construcción que mira y deja mirar, que escucha y deja escuchar. Para ello empleamos elementos que encontramos en el lugar, como la fachada de la Casa Torreada, elementos pétreos existentes, cerezos, cubiertas inclinadas de pizarra color oscuro y perforaciones abocinadas en el Castillo Templario, (no defensivos sino contemplativos), dando como resultado un edificio perfectamente integrado en su entorno más próximo.

 

La arquitectura tradicional a la que se enfrenta, a la vez que resuelve un interior neutro y moderno, garantiza la perfecta relación entre los elementos del pasado y los actuales. Partiendo de la primera planta de la casa de los escudos, generamos una ligera pasarela acristalada que nos permite contemplar los tres edificios que conforman el entorno cercano (la basílica de Nuestra Señora de la Encina, El Castillo Templario, la Casa de los Escudos) y el Nuevo Museo, que al mismo tiempo sirve como punto de partida de un recorrido continuo que nos va descubriendo la ciudad de manera parcial pero selectiva e introduciéndolos en un mundo ensimismado en el que sólo la exposición y el cerezo nos devuelven al mundo exterior, la calle, el castillo, Ponferrada.

 

Una triple capa resuelve la relación entre la ciudad, el edificio, los visitantes y la exposición (el museo) y éste con su patio y el cerezo. A la vez incorpora de manera pasiva aquellos elementos que lo hacen eficiente energéticamente como son la buena orientación, el apropiado acondicionamiento interior, la inercia térmica de los muros y la estrategia de proyección de los miradores de óptimas proporciones, lo que evita hacer elevados gastos en elementos de captación y generación energética, que elevarían el coste sustancialmente, el mantenimiento.

 

Una primera piel de hormigón ciclópeo, de gran espesor, contiene en su interior los elementos de derribo de la Casa Torre. Las piezas protegidas se colocarán en su posición original y contenidas en éste, y los sillares y elementos pétreos de porte importante se incorporan a la piel exterior. Su espesor, de gran inercia térmica, garantiza un buen acondicionamiento interior sin necesidad de pieles aislantes intermedias (una reinterpretación contemporánea de las sólidas construcciones vernáculas).

 

La segunda piel resuelve en su espesor el almacenamiento. A modo de gran mueble, recorre todo el museo acogiendo en su interior desde los expositores aportados para la colección del museo, a los almacenes, baños y los elementos de comunicación. Dicha piel es blanca, nuevo y neutro, que no restar importancia a los objetos expuestos. Curva sus esquinas conformando una gran caja de resonancia solo interferida por los módulos de exposición empotrados y las ventanas a modo de grandes receptores y emisores abocinados que relaciona el interior del museo con la ciudad y su cultura.

 

La tercera piel es fina y homogénea, y resuelve la cubierta y las caras interiores del patio cerezo y ,de manera continua, muestra el Cerezo al Museo.